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  Hoy en día, cuando tenemos a nuestra disposición más comida que nunca, padecemos también los mayores desequilibrios nutricionales.

  Porque comer no es lo mismo que nutrirse y porque muchos factores influyen negativamente sobre nuestra alimentación (agricultura intensiva, cosechas precoces y maduración en cámaras, largos períodos de transporte y almacenamiento, riego de fertilizantes y pesticidas, polución ambiental, inadecuados métodos de procesamiento y cocinado de los alimentos etc.), padecemos grandes excesos y deficiencias nutricionales:

  Con los años este desequilibrio se traduce en diversos síntomas tales como cansancio, estrés, falta de rendimiento y concentración, etc...

  Uno de los síntomas más corrientes es el incremento del apetito acompañado de ganas de "picar" a cualquier hora y atracción por el dulce, que tiene por resultado el aumento progresivo de peso y volumen.

  Entonces, cuando se decide poner una solución suele empezarse por recortar la ingestión de alimentos para reducir las calorías.

  Pero al ingerir menos alimentos, no sólo se toman menos calorías, también se reduce la ingestión de vitaminas, minerales, oligoelementos,... aumentando así todavía más las deficiencias existentes.

  RESULTADO: Bajada de energía, nerviosismo, irritabilidad, debilidad en las uñas y el pelo etc...

   Todo esto demuestra que, en lugar de ayudarnos a controlar el peso de forma eficaz, la simple dieta o la privación de alimentos agravan los problemas producidos por las carencias (nutrición desequilibrada). Debido a este tipo de dietas las personas se encuentran en un círculo vicioso del que no es fácil salir:

Pero esto no tiene por qué ser necesariamente así: tenemos una  SOLUCIÓN